Una desaparición inexplicable
Por Nicole Rojas Berrazueta
Llegaba la primavera, y una pequeña niña de ocho años junto con su hermano mayor de diecisiete años planearon ir de visita a la casa de su abuela. Estarían dos meses para ayudarla en las tareas domésticas, y al mismo tiempo, pasar tiempo junto a ella. Su abuela era muy carismática y le encantaba contar historias de aventuras, pero al momento de contarlas lo hacía de una forma muy peculiar: sus historias sólo las contaba en las noches, con el cuarto cerrado y lleno de velas que encendía el lugar; como si estuvieran varias estrellas fugases dentro de la habitación.
Cyrene al llegar a la casa de su abuela corrió rápidamente hacia ella. Emocionada dijo: ¡Abuela!, es maravilloso volverte a ver, ha pasado muchos meses que no he podido darte un abrazo… y extrañado mucho tus asombrosas historias de aventuras. La abuela llena de lágrimas le dice: ¡Es cierto mi querida y pequeña Cyrene!, pero Mateo y tú ya están aquí y me alegra mucho su grata visita. Mateo se encontraba un poco ansioso cada vez que daba un paso para acercarse a su abuela, él estaba mucho más emocionado que la pequeña Cyrene, pero trataba de tomar su compostura, ya estaba en una edad que debía comportarse como un joven y ya no como un niño. ¡Qué gusto me da volverte a ver abuela!, dijo él, mientras le daba un abrazo y un beso en su mejilla. La abuela entusiasmada le dice: ¡Gracias mi querido Mateo!, has crecido mucho y te veo un joven lleno de futuros prósperos. ¡Gracias por esas palabras abuela!, dijo Mateo.
Cayó la noche y Cyrene fue en busca de su abuela, no la encontraba por ningún lado y se empezaba a preocupar. Fue en busca de su hermano mayor en la habitación donde estaba tomando una pequeña siesta por el largo viaje que tomaron. ¡Despierta Mateo!, no encuentro a la abuela y estoy preocupada… ¡Me asustaste Cyrene!, tranquila que la vamos a buscar, dijo él, mientras se paraba de la cama.
Pasaron horas que los muchachos estaban en busca de su abuela, y no había rastro alguno de ella. De pronto escucharon unos golpes fuertes en la habitación de su abuela, corrieron rápidamente, pero no había nadie. Mientras salían de la habitación, volvieron a escuchar ese sonido peculiar, se tornó poco a poco un ambiente frío y mucho más oscuro y pesado. Cyrene estaba muy asustada al evidenciar esos raros eventos, mientras que Mateo estaba preocupado por la desaparición de su querida abuela.
De repente en el pasillo de la casa, Cyrene y Mateo ven una sombra… ¡Era su abuela! No entendían por qué no la veían en carne y hueso, si a horas antes la estaban abrazándola… ¡Abuela! ¿Eres tú?, dijo Mateo, mientras se acercaba poco a poco hacia la sombra. ¡No te acerques más!, dijo Cyrene. Mateo no hizo caso a su hermana y estuvo frente a frente con la sombra. Nervioso y a la vez asustado el joven vio que era su abuela, pero no decía ni una palabra, estaba como dormida e ida a la vez.
Hubo un silencio largo dentro de la casa, Cyrene sólo veía esa imagen de su hermano y esa sombra de su abuela frente a frente y eso la atemorizaba aún más. En cuestión de segundos la sombra se acercó a la oreja del joven y dijo: No soy su abuela…más bien puedo tomar el aspecto de cualquier persona, y si lo deseo puedo cambiar a uno de ustedes… ¡A su abuela no la encontrarán jamás!, y desapareció.
Atemorizado por lo que escuchó, Mateo toma la mano de su hermana y corren a la azotea de la casa. ¿Qué escuchaste Mateo? ¡Dime!, dijo Cyrene. No es la abuela hermana, no lo es…., dijo Mateo, mientras se encontraba en estado de shock. ¡Pero si era la abuela! ¡Tú lo viste al igual que yo! reiteró Cyrene. Nuevamente hubo un silencio entre los dos.
Los dos hermanos estaban muy asustados por tantos eventos sucedidos en tan pocas horas. Se suponía que iban a pasar tiempo con su abuela y estaban en la expectativa de sus nuevas historias de aventuras. Pero no iba a suceder, su abuela no estaba en casa, había desaparecido y sus nietos no sabían dónde se encontraba. Se suponía que estaba en su habitación descansando para luego contarles a sus nietos historias nuevas y maravillosas que tanto habían anhelado. Pero eso nunca pasó. Pasaron cuatro meses cuando sus nietos: Cyrene y Mateo se fueron a la casa de su abuela, ningún morador del pueblo, ni una persona se ha comunicado con la familia para saber sobre el paradero de su amada abuela. Toda la familia visita semanalmente la casa y encienden varias velas dentro de la habitación, rogando que alguien les pueda dar alguna explicación sobre su abuela.
