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La locura del científico en el espacio

Por Nicole Rojas Berrazueta

En una noche de domingo estremeciéndose un frío constante en la atmósfera, el profesor salió de su casa. Como hombre de ciencia, en algunas ocasiones le parecía muy interesante acercarse a curiosear el espacio infinito por la ventana de su trabajo, el observatorio astronómico. Sólo un momento antes de quedarse dormido junto al fuego de la chimenea de ladrillo y piedra; los enormes leños y las candentes llamas, emergieron una pequeña y dispersa nube color verde grisáceo , después de unos instantes se evaporó y desapareció; luego las llamas volvieron a encenderse con más fuerza. ¿Fue un presentimiento?... ¿Cuál era la explicación de lo que había sucedido?... Algún fenómeno meteorológico…. O eran simplemente alucinaciones suyas. Por ese motivo se asomó por la ventana nuevamente  para ver si así podría contestarse lo sucedido.

Llegó rápidamente la noche y los perros no ladraban como de costumbre. Su sensibilidad como científico percibía una anomalía inexplicable en la ciudad. Había un silencio estremecedor que le asustaba. En la atmósfera le parecía que el pavimento se derretía y se pegaba a las suelas de sus zapatos. Cada vez le costaba mucho más trabajo movilizarse, quería correr pero era imposible, había algo que le impedía hacerlo. De pronto escuchó un sonido delicado, una leve respiración a su lado que se apagaba y crecía cada vez más. Se detuvo cauteloso y su mente comenzó a imaginar las cosas más absurdas; las piernas se le achicaban y una onda elíptica le subía a su cabeza.

Sus ojos color violeta se le empezaron a agrandar poco a poco y empezó a ver nuevamente esa nube color verde grisáceo. La perturbación que le invadía se acrecentó cuando notó una cosa pequeña que se acercaba cada vez más hacia él. Al momento que se acercó a él pudo notar que era un pequeño humanoide.  Asustado y angustiado por no saber qué pasaría con él, corre rápidamente hacia al observatorio astronómico.

Al momento que se dirigía al observatorio tropieza con una piedra. El pequeño humanoide es emocionalmente insensible a los humanos y de repente aparece frente a él. Abre su boca grande y babosa. El profesor pide ayuda descontroladamente, a pesar de sus esfuerzos existía aún un silencio abrumador en todo el espacio. Vuelve a ponerse de pie y corre tratando de alejarse de esa criatura.

El pequeño humanoide enfurecido, corre tras de él y sopla esa nubosidad que había evidenciado antes de color verde grisáceo, de repente, aspira y se vuelve más vulnerable y decaído. Sus piernas empezaron a fallar y a debilitarse, sus ojos y nariz sangraban constantemente. El humanoide al verlo sin fuerzas para poder defenderse vuelve a abrir su boca babosa y logra alimentarse de los fluidos vitales del profesor formando una fórmula de “proteína líquida” en su cuerpo.

Un muchacho joven científico evidencia el fatídico desenlace de su profesor. Sabía que había llegado tarde para salvarlo… El joven estaba corriendo desde la ciudad hasta el observatorio de astronomía donde se encontraba ya que fue el único que había escuchado su ayuda.  Se esconde del pequeño humanoide tras una piedra enorme que se encontraba en el lugar y observa como poco a poco aparecían más de su especie, asustado y nervioso mira que toda la ciudad fue destruida y todos los seres humanos y animales fueron devorados por las criaturas. Al ver la situación el joven científico deduce que estas criaturas se alimentan de proteínas y fluidos ya sea humana o animal, además de percibir la energía esencial de la vida. Pocos minutos después, un humanoide descubre dónde se encontraba el joven científico, sin poder hacer nada, el humanoide acaba con la vida del muchacho.

El Profesor científico se encontraba en un manicomio en el cual  había fijado su mirada en una ventana varios días para ver el espacio. Los psiquiatras evidencian cada uno de los trastornos mentales que sufría su paciente y las historias que describía como reales en la imaginación de su cerebro trastornado.

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